Historia de la Psiquiatría infanto-juvenil
En las últimas dos centurias, pero mucho más en el s. XX, se han venido desarrollando áreas de estudio y acción derivadas del tronco común de la medicina, lo que dio lugar al término “especialidades médicas”. Estas especialidades implican reducción y profundidad: reducción porque delimitan un determinado sector como foco de interés, y profundidad porque quienes se dedican a él adquieren entrenamiento, información y experiencias de forma mucho más amplia e intensa.
Con el correr de los años y el aumento vertiginoso de la acumulación de conocimientos científicos y técnicos, se fue haciendo poco menos que imposible para una persona ser experta en todo lo concerniente a una especialidad, por lo que aparecieron entonces las llamadas “subespecialidades”, en las cuales se restringe aún más el campo de la pericia y los conocimientos; se podría decir que el subespecialista es alguien que, parafraseando a Ortega y Gasset, “sabe cada vez más de menos”, aunque conservando los conocimientos básicos de las otras áreas médicas.
Así, se considera, por ejemplo, que la Cardiología es una subespecialidad de la Medicina Interna, la que a su vez lo es de la Medicina General. Los cardiólogos además, pueden adquirir mayor entrenamiento en algunos procedimientos de diagnóstico (cardiólogos intervencionistas), que los hacen aún más especializados, lo cual sucede en otras de las llamadas subespecialidades.
No obstante, el prefijo “sub.”, denota inferioridad, estar debajo, por lo que no consideramos apropiado utilizarlo para referirse a estas ramas delimitadas de la Medicina. Como tampoco cabría la utilización del prefijo “súper” que connota demasía o estar por encima. El hábito, consagrado por los años, de utilizar la palabra subespecialidad, quizá haga difícil el que se le deje de aplicar, o incluso que se considere como una cuestión puramente semántica sin mayor relevancia práctica. Pero la realidad es otra, ya que supone cambios importantes en los programas de formación médica y los parámetros que se establecen para conceder las idoneidades por parte de los estamentos gubernamentales encargados de la salud. Y por otra parte, como es el caso de la Psiquiatría de niños, refleja una mentalidad anacrónica al situarla como subsidiaria de la Psiquiatría de los adultos.
Psiquiatría infanto-juvenil
Psiquiatra de niños y adolescentes
Es la rama de la psiquiatría que se especializa en el estudio, diagnóstico, tratamiento y prevención de los trastornos psicopatológicos de los niños, los adolescentes y sus familias. La Psiquiatría infanto-juvenil abarca la investigación clínica, la fenomenología, los factores biológicos, los factores psicosociales, los factores genéticos, los factores demográficos , los factores ambientales, la historia, y la respuesta a las intervenciones de los niños y adolescentes con trastornos psiquiátricos (Kaplan y Saddock).
La Psiquiatría infanto-juvenil como especialidad médica
La Psiquiatría es una especialidad primaria porque se dirige a un sector muy amplio que es el del funcionamiento normal y anormal de la mente humana.
En cuanto al conocimiento de la psicopatología del adulto que un paidopsiquiatra (Gr. paîs = niño) debe adquirir para comprender mejor las influencias negativas de algunos padres enfermos, o con trastornos de personalidad sobre sus hijos, todo programa de Psiquiatría infanto-juvenil que se precie de completo, incorpora estos conocimientos.
Otros temas importantes que son propios de la Psiquiatría infanto-juvenil y que no se estudian en la formación del psiquiatra de adultos son:
-Genética. -Psicología del desarrollo. -Pediatría (Neurología, Endocrinología, Enfermedades crónicas del niño y del adolescente). -Problemas relacionados con la educación familiar y escolar. -Métodos terapeúticos en su aplicación a niños y adolescentes.
La Psiquiatría de niños y adolescentes es una rama médica específica, una especialidad de primer nivel, a la cual se podría acceder directamente sin pasar por una formación previa en Psiquiatría de adultos o en Pediatría. Actualmente existe la opción de realizar la sub-especialidad de Psiquiatría infanto-juvenil después de haber hecho la formación completa en Pediatría o en Psiquiatría de adultos (general), aunque esta opción no debería ser la norma que excluyera otras posibilidades de especilización más directa.
Cabría decir que el psiquiatra que desea dedicarse por igual a menores como a adultos, debe tener la opción de prolongar sus años de residencia para completar su formación en ambas áreas, pero no debería ser obligatoria para aquéllos cuyo interés radica esencialmente en los niños y adolescentes.
La psicopatología en la infancia y la adolescencia
La mayoría de las entidades psicopatológicas de las personas adultas se originan, ya sea exclusivamente o con frecuencia, en los años del desarrollo (infancia y adolescencia). Si observamos la clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento de la Organización Mundial de la Salud, podremos comprobar lo antes dicho.
Más del 80% de las patologías de la CIE-10 se dan en las etapas de la minoría de edad, razón de más para que puedan ser estudiadas directamente en la formación del paidopsiquiatra, sin necesidad de hacerlo en un período previo en psiquiatría de adultos. Se puede añadir que los que se forman como psiquiatras de adultos no llegan a estudiar, o lo hacen muy superficialmente, ese 33% de patologías que son exclusivas de la niñez y la adolescencia.


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